El Monte

Nuestra historia siempre ha estado ligada al monte.

El monte forma parte de nuestro pasado, como fuente tradicional de recursos. Pero también del futuro, por su valor ecológico y el interés que despierta en las personas que, como tú, se acercan a visitarnos.

Las personas mayores todavía recuerdan ir desde temprana edad a recoger leña o buscar una planta medicinal. Con la madera de los árboles se hacían herramientas, las cubiertas, puertas y ventanas de los hogares, astias para el salto del pastor y hasta carbón. Los más jóvenes hemos jugado al escondite entre sus lianas y helechos. Hemos aprendido a distinguir los árboles por sus cortezas o sus hojas, a las palomas rabiche y turqué por sus arrullos y a apreciar el privilegio de vivir en una de las pocas reservas de laurisilva del planeta.

Sobre los lomos crecen los árboles más resistentes, como los brezos y las fayas. La vida explota en las hoyas más protegidas, entrelazando laureles, viñátigos, barbusanos, tiles… Bajo sus copas crecen otras plantas adornadas de vistosas flores, como las campanitas de los bicácaros o las espigadas crestas de gallo. Entre la hojarasca se esconden multitud de insectos, arañas y otros invertebrados que, aunque pueden pasar inadvertidos, cientos de ellos son únicos en el mundo.

Siempre hemos comprendido la importancia del monte para obtener agua. Aquí no llueve mucho, pero las hojas de los árboles atrapan la humedad del mar de nubes y la convierten en gotitas que caen al suelo. Si paseas entre los árboles uno de los frecuentes días nublados, comprobarás que, aunque no llueva, los árboles gotean. Esa es una de las razones por las que se ha conservado el pequeño bosque de tiles que crece muy cerca del pueblo. Sin estos árboles, la Fuente de la Hoya ya se habría secado.

El monte no nos aísla, no nos separa. Todo lo contrario, el monte siempre ha sido el nexo de unión por el que discurren las vías que, antes y ahora, nos unen con el exterior. Hacia la cumbre ascienden los caminos centenarios por los que nuestras abuelas iban a vender el queso o el carbón a La Laguna, veredas por las que nos llegaban noticias de los pueblos de las laderas sur y algún que otro mozo venía a las fiestas del pueblo. Con la apertura de la carretera, a mediados del Siglo XX, estos caminos perdieron importancia, pero ahora resurge su papel en nuestras vidas.

Ahora los pasos que suenan en los caminos que llegan hasta Taborno son resultado de otras motivaciones. Senderistas acuden para disfrutar de nuestros paisajes, para acercarse a conocer nuestra forma de vida. Montes y caminos vuelven a ser una puerta de entrada a Taborno y una oportunidad para nuestro desarrollo, en equilibrio con la conservación de nuestra identidad.

Senderismo

Caminar es una hermosa manera de acercarme pausadamente a estos paisajes y descubrir sus pequeños detalles.

Geología

Estas montañas se fueron levantando desde el fondo del mar durante millones de años de sucesivas erupciones volcánicas. Cuando pasaba el suficiente tiempo entre una erupción y la siguiente como para que se formara tierra fértil, el intenso calor de la nueva capa de lava “horneaba” ese suelo anterior, dándole un característico color rojizo a las franjas que ahora llamamos “almagres” y que puedes ver frecuentemente en los taludes de las carreteras.

Ahora estamos en una época de descanso. En los últimos cuatro millones de años apenas ha habido actividad volcánica en Anaga. La Lluvia y el viento están esculpiendo paciente este territorio, ahondando cada vez más los barrancos y derribando riscos. Probablemente hayas visto su labor en forma de algún pequeño derrumbe en tu trayecto hasta Taborno. La intensa erosión sigue modelando cada día este paisaje de picos y laderas verticales.

Los roques, que destacan como altas torres, no escapan al desmoronamiento, solamente están aguantando un poco más, porque tienen mayor resistencia a la erosión. Esto se debe, en muchos casos, a que se trata de chimeneas por las que ascendió la lava de antiguos volcanes. Los materiales que quedaron dentro del canal de ascenso al finalizar la erupción, se enfriaron más lentamente, alcanzando mayor dureza que los de alrededor y, por tanto, resistiendo mejor el paso del tiempo.

Esas largas líneas que cruzan las laderas son diques. En Anaga los llamamos cuchilletes. Aunque parezcan fabricados, se trata de formaciones naturales. En algunas de las fases de construcción de la isla, la corteza se resquebrajó en grietas por las que ascendieron grandes cantidades de materiales fundidos. La lava que se enfrió en el interior de esas grietas consiguió una gran dureza. Por ello, con el paso de cientos de miles de años, el terreno de alrededor se fue desmoronando más rápidamente, dejando los diques elevados como murallas.

La forma del Roque de Taborno es tan elegante y regular que podría parecer tallada por manos humanas. Su formación es diferente a la de otros roques. No es una antigua chimenea volcánica, sino que está formado por capas de las sucesivas coladas que formaron Anaga. Se mantiene en firme equilibrio gracias a estar sostenido por diques o cuchilletes que, como un armazón de roca, lo sustentan y retrasan su desmoronamiento.

Las Cabras y el Salto del Pastor (Los Pastores)

Las cabras son el ganado ideal para vivir en estos terrenos tan abruptos. Se han criado aquí incluso desde antes de la conquista de la isla. Ya en tiempos aborígenes se consumía su carne y su leche. Antes, cada familia tenía sus cabritas. Hoy, los rebaños son más escasos, y suelen vivir en granjas. Sin embargo, aquí aún puedes disfrutar del sabor de un queso producido con cabras que pastan en semilibertad. Te recomendamos que pruebes uno de los productos por los que sentimos más orgullo.

Fiestas Patronales

Taborno celebra sus fiestas en honor a su patrón, San José, el segundo fin de semana de junio. Desde el sábado se inician los actos religiosos con el Rezo del Santo Rosario y también los actos populares y culturales, como exposiciones, quema de fuegos de artificio y una gran verbena.

El domingo se inicia con la función religiosa y la procesión con el recorrido habitual por la calle principal del pueblo, pujando los vecinos por el honor de llevar la imagen de San José sobre sus hombros. Una vez finalizada la procesión se inician los actos populares, como una gran paella para los asistentes, festivales folclóricos y finalizando con una gran verbena.